miércoles, 11 de febrero de 2009

PROPUESTA A LA MILITANCIA LIBERTARIA EN EL MOVIMIENTO SINDICAL (Abril 2007)



Aproximación a un análisis de la situación del movimiento obrero

La década del 90’ se caracterizo en lo ideológico por la hegemonía de la doctrina neoliberal. La reforma del estado, las reformas laborales, la privatización de las industrias y servicios estatales y el endeudamiento eterno afectaron directamente al conjunto de los/as trabajadores/as. Esta ofensiva del capital sobre el trabajo se plasma a partir del 2002 con la mitad de los/as trabajadores/as por debajo de la línea de pobreza, niveles de desocupación jamás alcanzados en nuestro país (19%), feminización de la fuerza laboral, vaciamiento y abandono de fabricas por la patronal, una precarizacion laboral reflejada en el elevado trabajo en negro (sin jubilación, obra social, ni derechos generales básicos) y condiciones laborales de superexplotación (jornadas de mas de 10hs sin reconocimiento de extras, tareas polivalentes, desocupados trabajando a través de un subsidio estatal, fraccionamiento de vacaciones, disponibilidad del lugar de trabajo, cuentapropismo, etc.), sintetizado esto ultimo en la modificación de los convenios de trabajo.
En los últimos 30 años la industria perdió casi la mitad de su personal, mientras que en ese mismo periodo la Argentina pasa a ser un país de 20 millones a 36 millones de habitantes[1]. Al mismo tiempo que el personal ocupado en la industria en el periodo 93-01 cayo en casi un 4% anual, la productividad laboral creció mas del 3% anual. Este incremento de la productividad no solo es consecuencia de la destrucción de puestos de trabajo, sino de un proceso que involucro nuevos métodos de organización del trabajo e incorporación de nuevas tecnologías. Lo señalado lo traducimos como un firme ataque del capital sobre el trabajo, que lejos representa una consecuencia del desarrollo capitalista sino que es una necesidad del mismo y una nueva contradicción. Es un avance en la dominación del movimiento obrero que se refleja en la obtención de una mayor plusvalía.
Además de lo estructural de los actuales niveles de desocupación y sub empleo en nuestro país, la extranjerizacion de los principales resortes de la economía, la permanente flexibilización de la fuerza de trabajo y fundamentalmente la dificultad de generar empleo (proceso mundial) caracterizan la dinámica de acumulación del capitalismo dependiente argentino.
Un factor vital en todo este proceso es el rol jugado por las burocracias sindicales para el disciplinamiento del movimiento obrero, superando el simple hecho de avanzada de la burguesía en el seno del movimiento obrero. No se puede pensar en la ofensiva burguesa sin la complicidad de la burocracia sindical y los partidos patronales. Justamente una de las primeras acciones de este gobierno, en su búsqueda de consenso, fue ordenar la interna de la CGT a su favor, con el resultado de apoyar a Moyano en la dirección.
Este avance en el sometimiento del movimiento obrero la burguesía lo consolido con una batería de leyes antiobreras y flexibilizadoras (Ley de Empleo 91’, flexibilización laboral pymes 95’, ley de accidentes de trabajo 96’ y una variedad de decretos, reglamentaciones y modificaciones desde el 98’ a nuestros días).

La ofensiva burguesa y el gobierno K

“La convertibilidad y la salida devaluacionista de la misma constituyen el marco en el que se expande la precarización laboral. En 1990 la tasa de asalariados no registrados era del 25,2% y termina en el 38,5% en el 2001. Luego asciende a 44,8% en el 2003, 48,5% en el 2004 y al 46% en el 2005”[2]. Si bien el índice de la actividad industrial creció, el índice para medir un salario paso (tanto para el gobierno como para las conducciones sindicales) de ser la canasta básica familiar ($2500) a la línea de pobreza ($900). La pulverización salarial a partir de la devaluación fue clave para lograr el superávit, mientras que los aumentos por decreto como las negociaciones paritarias no lograron la recomponer el salario real.
Tanto el avance en la precarizacion laboral (aumento de asalariados no registrados, contratos firmados a la baja a cambio de “unos pesos”) como bajar el parámetro de una negociación paritaria (ya se toma el índice de pobreza en vez de la canasta básica) refleja la ofensiva desatada por la burguesía[3], que se corresponde con un retroceso de los sectores clasistas y populares en general. Desde imposibilidad de intervención conjunta del clasismo en las elecciones de CTA, pasando por las dificultades de construcción de un espacio con gran potencialidad como el MIC, el incremento en estos últimos años de conflictos laborales aislados (en su mayoría controlados por la burocracia) o la división de los movimientos de desocupados hasta la aprobación de una ley educativa que representa una “superación burguesa” de la ley Federal de Educación, son algunos aspectos que nos permiten ver este retroceso.
En nuevo contexto de discusiones salariales, los trabajadores/as debemos transformar la lucha salarial en una lucha política denunciando las ganancias de los monopolios, el histórico superávit fiscal que se va del país, a la par que enfrentamos a la burocracia sindical y al reformismo obrero. La lucha salarial no solo debe poner en evidencia el rol de la burocracia sino que tiene que generar una conciencia política que la enfrente, traduciéndose en organización. Un aumento salarial obtenido por la burocracia no lo podemos tomar como un triunfo, pero tampoco representa una derrota. La participación directa de los trabajadores/as en todo conflicto es el parámetro que con mayor atención debemos tomar para hablar de triunfo o derrota.


CRITERIOS Y METODO DE TRABAJO

Entendemos la necesidad de trabajar en al perspectiva de desarrollar una línea de acción propia, con ejes en la autonomía respecto al estado y partidos, la lucha contra la burocracia, el clasismo, la solidaridad, el antiparlamentarismo, la acción directa, la democracia directa y la unidad de acción.
Hoy impulsar la democracia directa es una tarea inmediata, implica impulsar la participación colectiva desde el lugar de trabajo, fomentando el debate, la formación y la acción colectiva, ya sea dentro de la estructura sindical y/o en un plano territorial, con el cuidado de no contraponer estas dos tareas complementarias.
La unidad de acción o sea a partir de hechos concretos, como resultado de las diversas luchas en la historia del movimiento obrero argentino, es un “valor bien asumido por el conjunto de los trabajadores”. Esta unidad de acción será positiva siempre que sea real y mantenga los intereses de la clase por encima de los sectarismos, de lo contrario puede ser contraproducente. Consecuentes con esta línea de unidad y en contraposición con la atomización del movimiento obrero, luchamos por la unidad en la acción desde abajo de los trabajadores/as de la CGT y CTA.
La lucha contra la burocracia es un proceso continuo. Su contrapartida, partiendo de la democracia directa, es una línea política de masas, o sea que tenga en cuenta siempre al conjunto de los trabajadores/as. A partir de que los intereses de una fracción se colocan por encima del conjunto, se instalan los gérmenes de una futura burocracia. Esto no significa caer en la demagogia de satisfacer al conjunto, sino que con firmeza y a partir de una correcta caracterización, debemos presentar nuestras posiciones, debatir, convencer o consensuar, pero nunca forzar acuerdos disociados del conjunto.
De la misma forma que la coyuntura plantea la necesidad de replantear el piquete como herramienta de confrontación y construcción para los trabajadores/as desocupados/as, la huelga sigue siendo la herramienta del movimiento obrero que golpea los intereses de las patronales y el estado, y al igual que el piquete debemos construirla.


UNA PROPUESTA A LOS COMPAÑEROS/AS

En el ámbito sindical mientras la relación de fuerzas para los sectores clasistas es desfavorable, con diversidad de conflictos aislados, la incidencia libertaria podría decirse nula.
El análisis inicial del movimiento obrero nos permite señalar que para comenzar colaborar en revertir una relación de fuerzas desfavorables para los trabajadores/as, entendemos necesario volcar todos los esfuerzos en construir una alternativa clasista en el seno del movimiento obrero. A la par y central, desarrollar en su seno una tendencia anarquista. Tendencia entendida como espacio o corriente político ideológica compuesta por la militancia anarquista en el movimiento obrero. Nos referimos a grupos o individuos que participando en distintos ámbitos laborales, y sin perder la identidad del grupo de pertenencia, incidamos con una sola voz en la alternativa clasista a participar y construir.
Esto lo entendemos como el punto de partida para un debate fraterno con la militancia libertaria en el ámbito sindical.
[1] De 1716900 ocupados en 1970 paso a 1089360 en 2001. Como sufrió la industria el modelo de los 90’, Clarín 16/5/2004
[2] Informe de situación laboral, Claudio Lozano (IPEF-CTA)
[3] El gobierno de Kirchner, su actual consenso, es una expresión de esta ofensiva.

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